Una historia de osos

Uno de los últimos osos grises de México, exhibido por las calles de Chihuahua en 1954

En la década de los años 60 murió el último oso plateado de México. Uno de los mamíferos terrestres más grandes de México, el oso plateado habitó gran parte de las montañas de la parte más norteña de la Sierra Madre Occidental. Perseguido por los cazadores y por los rancheros preocupados por su ganado, el oso plateado vio reducida su población a una treintena de individuos a finales de los 50 y para 1965 probablemente no quedaba ninguno vivo.  Las fotografías de algunos de los últimos osos, cazados en la Sierra del Nido en Chihuahua, muestran la ferocidad de este majestuoso animal aún en los cuerpos inermes de las infortunadas víctimas de la cacería indiscriminada. El último individuo conocido fue muerto en 1960 por John F. Nutt, un cazador de Arizona.

Por mucho tiempo hubo controversia respecto a la clasificación del oso plateado mexicano. Generalmente se consideraba como una variedad del oso grizzly del suroeste de los Estados Unidos y se sabía que estaba emparentado con el oso pardo. Sin embargo, en algunos trabajos se le llegó a considerar como una especie separada. El oso plateado no debe confundirse con el oso negro americano, otra especie que aún habita en el norte de México y que es más pequeña y menos feroz que su primo plateado.

Dos estudios publicados en línea en 2008 han examinado con detalle la historia evolutiva de los osos, lo que además permite una mejor clasificación de las especies. Los autores de los dos trabajos, trabajando independientemente, dieron un brinco metodológico de gran importancia al lograr obtener material genético de dos especies ya extintas. El grupo liderado por Jean-Marc Elalouf (Bon et al. 2008) , de la Comisión sobre Energía Atómica de Francia, aisló ADN mitocondrial a partir del esternón fósil de un oso de las cavernas que murió hace 32 mil años en la cueva de Chauvet, por cierto lugar de la más antigua manifestación de arte rupestre. El otro grupo, encabezado por Michael Hofreiter (Knapp et al. 2009) , del Instituto Max Planck de Leipzig, obtuvo material genético del oso de las cavernas procedente de un fémur fósil de 41 mil años de antigüedad colectado en Austria. Este grupo además analizó material de un oso gigante de rostro corto a partir de material fósil de 22 mil años de antigüedad colectado en Canadá.

Osos plateados en Canadá. Imagen: Wikipedia

Al analizar el material genético de los osos fósiles junto con el de especies vivas, ambos grupos llegaron a conclusiones muy similares. Se corroboró por ejemplo que el panda gigante es realmente un oso, hecho sobre el que existían dudas debido a las características tan particulares de este carismático animal. Además del panda, existen en el mundo otras siete especies de osos que guardan aún interesantes secretos. El grupo de Hofreiter demostró, por ejemplo, que el oso de anteojos de los bosques tropicales de América del Sur está emparentado con el extinto oso gigante de rostro corto, que vivió en Norteamérica durante el Pleistoceno, hasta hace unos 8 mil años.

Seis de las especies de osos se clasifican en el mismo género, Ursus. Esto significa que se trata de especies cercanas que se separaron evolutivamente hace relativamente poco tiempo. El grupo de Elalouf calcula que esta separación ocurrió hace dos o tres millones de años, mientras que el equipo de Hofreiter considera que la radiación ocurrió hace poco más de cinco millones de años. Esta nueva clasificación coloca a todos los osos pardos de Eurasia y América en la misma especie y muestra que el oso polar es su pariente más cercano. Se demostró también el estrecho parentesco de estas dos especies con el extinto oso de las cavernas.

¿Cómo queda ubicado el oso plateado mexicano en este nuevo esquema? El estudio muestra que todos los osos de talla grande de América del Norte y de Europa y Asia pueden ubicarse en la misma especie: el oso pardo. Esto significa que el oso plateado mexicano pertenecía a la misma especie que los famosos osos rusos, los gigantescos osos Kodiak de Alaska, los osos de Yellowstone y los osos grizzly del suroeste de los Estados Unidos. La implicación es que con la muerte del último de los grandes osos en México no se extinguió una especie, ni siquiera se perdió una subespecie o variedad geográfica reconocida. Simplemente los osos pardos fueron extirpados de México, como lo fueron de gran parte de su distribución original en el suroeste de los Estados Unidos.

En el gran contexto de la evolución de los osos, es posible que la desaparición del oso mexicano no haya sido una gran tragedia. Para el país, sin embargo, representa la pérdida de un elemento muy especial de la fauna nativa. Constituye además la pérdida del acervo genético asociado con las poblaciones que alguna vez existieron en el norte de México. La única noticia potencialmente alentadora es que un programa de reintroducción de la especie, con ejemplares provenientes de los Estados Unidos, podría ser exitoso y restituir para la fauna mexicana uno de sus más gallardos representantes. ¿Volveremos alguna vez a tener osos plateados en los bosques de la Sierra Madre?

Referencias
Bon, C. et al. 2008. Deciphering the complete mitochondrial genome and phylogeny of the extinct cave bear in the Paleolithic painted cave of Chauvet. Proceedings of the National Academy of Sciencies of the United States of America 105:17447-17452.
Brown, D. E. 1985. The grizzly in the southwest. University of Oklahoma Press, Norman ,Oklahoma, Estados Unidos.
Knapp, M. et al. 2009. First DNA sequences from Asian cave bear fossils reveal deep diversgences and complex phylogeographic patterns. Molecular Ecology 18:1225-1238.

[Versión actualizada y ampliada de una nota publicada originalmente en La Jornada Michoacán en diciembre de 2008]