Estamos perdiendo nuestros anfibios

Foto: Héctor T. Arita

[Originalmente publicado en La Jornada Michoacán en diciembre de 2008]

Cuando se nos pide que pensemos en la fauna mexicana, es poco probable que lo primero que nos salte a la mente sea la imagen de un anfibio. Sin embargo, las ranas, sapos, salamandras y las llamadas cecilias son componentes muy importantes de la diversidad biológica de nuestro país. Se sabe de la existencia de 375 especies de anfibios en México, lo que representa algo así como el seis y medio por ciento de las especies a nivel mundial. Desafortunadamente, gran parte de esta riqueza se está perdiendo por la desaparición de numerosas poblaciones a todo lo largo del país.

Los anfibios mexicanos están pasando por una crisis de magnitud mundial. Desde finales de los años 80 algunos científicos alertaron sobre una alarmante disminución de las poblaciones de ranas y sapos en diferentes regiones del planeta, lo que había llevado a la desaparición de muchas especies. Estos primeros estudios se enfrentaron con la escéptica postura de algunos científicos que opinaron que la disminución en el número de los anfibios era parte de las fluctuaciones naturales de las poblaciones. Para finales del siglo XX, sin embargo, la evidencia era ya abrumadora: algo muy grave estaba pasando con las poblaciones de anfibios en todo el mundo.

Ante la gravedad de la situación, grupos de expertos en diferentes partes del mundo se dieron a la tarea de investigar las causas que estaban atrás de la crisis mundial de los anfibios. Estas causas, por supuesto, debían ser de tal alcance y magnitud como para tener un efecto global. Se reunió evidencia que señalaba que la pérdida de hábitats naturales y la contaminación contribuían al problema. Se especuló también que el aumento en la intensidad de la radiación ultravioleta causada por el adelgazamiento de la capa de ozono podía ser otro factor. A pesar de estas explicaciones parciales, los científicos seguían sin comprender porqué la tasa de pérdida de poblaciones de anfibios era mucho más acelerada que la de otros grupos animales.

Rana con quitridiomicosis. Foto Forrest Brem, PLoS Biology

En 1998, un grupo interdisciplinario que estudiaba eventos de alta mortalidad de ranas y sapos en diferentes partes del mundo notó la presencia en muchos de los individuos muertos de lo que parecía una infección en la piel de los animales. Después de minuciosos estudios, el grupo concluyó que una enfermedad no conocida hasta ese momento era responsable de las muertes masivas de ranas y sapos y que probablemente estaba causando la crisis mundial de los anfibios. El culpable de la misteriosa enfermedad pertenecía a un grupo de hongos conocidos como Chytridiomycota, por lo que los investigadores llamaron quitridiomicosis a la nueva enfermedad.

Estudios posteriores han demostrado que la aparición del hongo en un lugar nuevo puede llevar a la muerte masiva de ranas y sapos, a la desaparición de poblaciones enteras y a la pérdida de una parte sustancial de la diversidad de especies. Se ha mostrado también que el cambio climático podría haber sido el mecanismo a través del cual se dio la explosión mundial de la qutridiomicosis. Según esta hipótesis, los cambios en los patrones climáticos han generado condiciones más favorables para el ataque de los hongos a la piel de las ranas y sapos.

En México se ha documentado una disminución notable en el tamaño de las poblaciones de anfibios. Sitios en los que antaño era relativamente fácil observar numerosas especies de ranas y sapos no contienen ya a estos animales. Las salamandras, incluyendo a los extraños ajolotes, también están en peligro. Se calcula que poco más de 200 especies de anfibios mexicanos (más del 50 por ciento) están amenazadas con la extinción. Un estudio reciente de investigadores de la UNAM encontró el hongo de la quitridiomicosis en 13 especies de anfibios mexicanos en localidades del centro del país. El estudio demostró además que un alto porcentaje de los ajolotes que se mantienen en cautiverio para su estudio estaba también infectado por el hongo.

Ajolote. Foto: LoKiLeCh, Wikimedia commons

Es posible que al ciudadano común le cueste un poco de trabajo entender la gravedad de la crisis mundial de pérdida de los anfibios. Después de todo, ¿en qué nos puede afectar la extinción de las ranas y los sapos? Hay que recordar, sin embargo, que estos animales son componentes centrales de los ecosistemas, particularmente de los tropicales. Algunos anfibios, como los ajolotes, tienen además importancia comercial o cultural. Finalmente, es importante saber que más del 63% de las especies de anfibios mexicanos son endémicas, es decir, que sólo se encuentran en nuestro país. La desaparición de esas especies significaría no sólo una enorme pérdida para nuestra riqueza biológica, sino que representaría también una sensible baja para la biodiversidad mundial. No podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la crisis global de la extinción de los anfibios.

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