El retorno de los tigres del Caspio

[Esta nota apareció en La Jornada Michoacán el 10 de febrero de 2009. Se reproduce el texto íntegro y se añaden figuras y referencias]

Gladiadores combatiendo un tigre. Mosaico en el Gran Palacio de Constantinopla

Todos hemos visto películas en las que se recrean las brutales batallas que se libraban en el coliseo de la antigua Roma. Según los relatos históricos, en algunas de esas carnicerías participaban animales salvajes como osos, leones y tigres. Para filmar esas escenas, los productores modernos emplean por supuesto ejemplares mantenidos en cautiverio, de manera que en ocasiones las fieras que aparecen en pantalla son un tanto rechonchas y lentas si se les compara con los ágiles individuos silvestres. En el caso de los tigres, hay además otra diferencia sutil entre las versiones de Hollywood y el verdadero circo romano. En las películas aparecen generalmente tigres de Bengala, provenientes originalmente del sureste asiático. En los tiempos del circo romano, esos felinos eran importados desde los confines orientales del imperio, en lo que ahora es Irán, el suroeste de Rusia y parte de algunas de las repúblicas de la ex Unión Soviética que rodean el mar Caspio.

Aunque pertenecen a la misma especie, los tigres del Caspio y de Bengala son diferentes en su morfología y se les considera como variedades geográficas diferentes, o subespecies. El tigre tenía originalmente una distribución muy amplia en Asia, extendiéndose desde el Cáucaso hasta Siberia en el norte y desde la India hasta la isla de Bali en el sur. Como muchas otras especies, el tigre muestra una clara variación geográfica. Los individuos de la subespecie del Caspio eran bastante robustos, con orejas muy pequeñas y con el pelaje muy largo, que en ocasiones colgaba de los flancos. Como en el caso de otros grandes depredadores, la población de los tigres del Caspio fue mermando paulatinamente a medida que sus ambientes naturales se transformaban por la actividad humana. Durante el siglo XX los tigres de esta subespecie fueron desapareciendo de extensas zonas de Irán, el sur de Rusia y el noroeste de China, hasta que en algún momento, probablemente en la década de los 60, se extinguieron.

Tigre del Caspio en el zoológico de Berlín, ca. 1895.

Como en otros casos de subespecies extintas, algunos investigadores habían especulado sobre posibles formas de recuperar el tigre del Caspio. Se hablaba por ejemplo de cruzar ejemplares de las otras subespecies para recrear aunque fuera algunos atributos de la forma perdida. Como existen pieles de ejemplares muertos apenas hace algunas décadas, también se planteó la posibilidad de utilizar material genético de esos ejemplares. Una investigación publicada este mes en la revista Plos One, sin embargo, muestra que todos estos esfuerzos son innecesarios porque en realidad el tigre del Caspio nunca se extinguió. Carlos Driscoll y sus colaboradores usaron métodos de genética molecular para examinar la variación geográfica de los tigres, incluyendo tejido biológico de algunas de las pieles de tigres del Caspio. En general encontraron que las subespecies reconocidas coincidían con el análisis. Por ejemplo, los tigres de Bengala, relativamente grandes, fueron claramente diferentes genéticamente a los de Indochina, que son más pequeños.

La única sorpresa del análisis fue lo cercanamente parecidos que resultaron ser los tigres de Siberia y los extintos felinos del Caspio. De hecho, la distancia genética entre los dos es tan pequeña que la conclusión del grupo de trabajo fue que en realidad las dos formas pertenecen a la misma subespecie. En otras palabras, el tigre del Caspio vive todavía, pero en las remotas regiones de Siberia. Los tigres de la Siberia, de acuerdo con la reconstrucción histórica de los investigadores, serían descendientes directos de tigres del Caspio que se desplazaron hacia lo que ahora es Rusia hace apenas unos cuantos miles de años. De hecho, hay evidencia histórica de la existencia de tigres en la zona intermedia entre el Caspio y Siberia, lo que sugeriría que apenas hace unos cientos de años había una sola población en esa zona.

El nuevo trabajo propone que el tigre se originó en lo que ahora es China. Desde ahí, los tigres se habrían dispersado hace unos cuantos miles de años hacia el sur de Asia y de ahí a la región del Caspio, rodeando las tierras altas del Tíbet. Los investigadores planean ahora ampliar sus estudios para incluir material genético de otras dos variedades de tigre que también se consideran extintas: el tigre de Java y el tigre de Bali. De esta manera podrán establecer la historia de la dispersión de los tigres hacia el sur de Asia y hacia las islas del archipiélago malayo.

Estos resultados tienen importantes implicaciones para la conservación de los grandes felinos. De acuerdo con los nuevos datos, sería factible volver a tener tigres en la zona del Caspio simplemente introduciendo ahí ejemplares provenientes de Siberia. Por supuesto, como siempre sucede en los planes de manejo de las poblaciones de grandes depredadores, no todo mundo estaría feliz con el regreso del tigre del Caspio a su ambiente natural. Para muchas personas, sin embargo, sería fascinante tener de vuelta los feroces y gallardos animales que alguna vez poblaron esa región del planeta.

Referencia
Discoll, C. A. et al. 2009. Mitochondrial phylogeography illuminates the origin of the extinct Caspian tiger and its relationship to the Amur tiger. PLoS ONE 4(1): e4125.

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Veinte años de la fundación de la CONABIO

Memorias de la reunión de 1992 sobre biodiversidad de México

En febrero de 1992 se llevó a cabo en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México una reunión internacional “sobre la problemática del conocimiento y conservación de la biodiversidad”. Convocados por el Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, distinguidos expertos en diferentes áreas relacionadas con el estudio, la conservación y el uso de la diversidad biológica presentaron ponencias y discutieron alternativas para diseñar una política de manejo de la riqueza biológica de México. En la conclusión del evento, el 15 de febrero, el Presidente hizo dos anuncios importantes: la ampliación de la Reserva de la Biósfera de Montes Azules en Chiapas y la creación de una comisión nacional encargada de estudiar las especies biológicas y los ecosistemas de México con el fin de lograr su utilización racional y conservación. [1]

Un mes más tarde quedó oficialmente constituida la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (CONABIO), quedando al frente José Sarukhán, entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y reconocido especialista en el estudio de la ecología y la evolución. Aunque el concepto de diversidad biológica es más antiguo, la palabra “biodiversidad” tenía en 1992 apenas unos cinco años de haber sido acuñada y la CONABIO fue, junto con el Instituto Nacional de Biodiversidad de Costa Rica, una de las primeras agencias gubernamentales del mundo diseñadas específicamente para atender los problemas relacionados con la diversidad biológica.

En su discurso inaugural de la reunión de febrero, José Sarukhán hizo el siguiente señalamiento:

De la protección de la riqueza biológica depende también la protección de la capacidad productiva de los suelos, la conservación del agua y de la enorme riqueza genética y natural que apenas conocemos pero que ha sido la fuente de los satisfactores que han alimentado, vestido y provisto de medicamentos y de una plétora de productos a la humanidad en su historia sobre la Tierra.

Veinte años después, la CONABIO ha tenido importantes logros, como la consolidación del Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad y la publicación de Capital Natural de México, una obra de varios volúmenes que sintetiza y analiza la información existente sobre la diversidad biológica de México. Sin embargo, los retos que se planteó a si misma la CONABIO desde su inicio se han vuelto más complejos en los últimos años. Los cambios en los paradigmas científicos y en las políticas de administración de recursos naturales han obligado en diferentes momentos a la Comisión a redirigir esfuerzos. De igual forma, los cambios políticos y sociales y las fluctuaciones económicas en México y en el mundo han complicado de diversas maneras la labor de la Comisión.

Las palabras de José Sarukhán suenan tan actuales ahora como lo eran hace 20 años. Los años por venir, sin embargo, seguramente presentarán retos aún mayores para lograr las metas originalmente planteadas para la Comisión.

[1] Sarukhán J y R Dirzo. 1992. Presentación. Pp. 15-16 en México ante los retos de la biodiversidad (R Dirzo y J Sarukhán, compiladores). CONABIO, México.

La fundación de la Sociedad para la Biología de la Conservación

En el primer número de la revista Conservation Biology, publicada en mayo de 1987, y cuya portada se muestra a la izquierda, Michael E. Soulé escribió un breve resumen de la historia de la Sociedad para la Biología de la Conservación.

De acuerdo con Soulé, la sociedad comenzó a existir a eso de las cinco de la tarde del 8 de mayo de 1985, cuando un grupo de científicos reunidos en la Segunda Conferencia sobre Biología de la Conservación, en Ann Arbor, Michigan, aprobó por unanimidad la moción presentada por Jared Diamond y Peter Brussard (en nombre de dos comisiones nombradas ad hoc) para crear una asociación científica dedicada al estudio de la conservación biológica.

El propio Soulé, nombrado presidente temporal de la sociedad, se encargó de los asuntos legales que llevaron a la constitución oficial de la sociedad el 8 de abril de 1986 (ante el estado de California).  Simultáneamente, una comisión encabezada por Robert May y Daniel Simberloff seleccionó al primer editor de la revista Conservation Biology, David Ehrenfeld.

En junio de 1987 tuvo lugar la primera reunión anual de la sociedad, en la que además de la plática plenaria de Norman Myers y numerosas presentaciones libres, hubo cuatro simposios: “El papel de las enfermedades en la regulación de poblaciones y conservación” (organizado por Robert May), “Efectos de borde y conservación” (Larry Harris), “Genética de la conservación de peces” (Fred Allendorf) y “¿Cómo formar biólogos de la conservación?” (David Hales).

Gracias a los esfuerzos de estos fundadores, la Sociedad para la Biología de la Conservación cuenta hoy en día con más de 10,000 socios, organiza reuniones mundiales y regionales enfocadas a la conservación y sigue publicando Conservation Biology, una revista líder en ecología y estudios de la biodiversidad.

Soulé, M. E. 1987. History of the Society for Conservation Biology: How and why we got here. Conservation Biology 1(1):4-5.