Veinte años con Dolly

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Dolly la oveja (preservada por un taxidermista). Vía Wikimedia Commons

Hace veinte años, en el número del 27 de febrero de 1997 de la revista Nature, se publicó una comunicación con un título intrigante: «Una cría viable derivada de células fetales y adultas de mamífero». La nota era el anuncio oficial del nacimiento y supervivencia por más de seis meses de Dolly la oveja, el primer mamífero nacido a través de un proceso de clonación.

Meses antes, los científicos habían extraído el núcleo de una célula proveniente de la glándula mamaria de una oveja adulta y lo habían insertado en un óvulo no fecundado de otra oveja. Al desarrollarse el óvulo, había generado a Dolly, una oveja idéntica, al menos en su composición genética, a la donadora del núcleo celular. Era, en otras palabras, un clon de aquella oveja.

En el episodio viii de las Crónicas de la extinción se cuenta la historia del clon de una cabra ibérica (una subespecie extinta) que llegó a la fase final de su desarrollo, pero que murió a los pocos minutos de haber nacido. La intención en este caso era revivir (o desextinguir) a un mamífero extinto usando células preservadas de esa subespecie.

Este ejemplo muestra lo difícil que es lograr ejemplares viables de mamíferos clonados, y nos indica la serie de enormes dificultades a las que se enfrentan los científicos que intentan usar técnicas de clonación para desextinguir, plena o parcialmente, alguna especie desaparecida.

Hasta la fecha, no hay ningún caso exitoso de desextinción por clonación, ni siquiera  de especies que se extinguieron hace apenas unas décadas, como la cabra ibérica, la tortuga gigante de la isla Pinta o el lobo de Tasmania. Como se discute en el libro, la clonación plena de animales del Pleistoceno, como los mamuts, que se extinguieron hace unos cuantos miles de años, parece ser una meta inalcanzable. La de organismos más antiguos, como los dinosaurios del Cretácico (de más de 66 millones de años de antigüedad) es, a pesar de lo que pueda verse en Parque jurásico, absolutamente imposible.

Wilmut, I., Schnieke, A., McWhir, J. et al. (1997) Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells. Nature, 385, 810-813.

¿Se puede reconstruir un mamut?

Hwang Woo-Suk (izquierda) y Vasily Vasiliev (derecha)

Esta semana se anunció un proyecto cuyo producto final sería un mamut clonado. Según los reportes de prensa, Vasily Vasiliev, vicerrector de la Universidad Federal del Noreste de la república rusa de Sajá (Yakutia), firmó un contrato con el investigador sudcoreano Hwang Woo-Suk, de la Fundación Sooam de Biotecnología para intentar insertar el núcleo de una célula de mamut en el óvulo de una elefanta asiática con el propósito de generar lo que sería el primer embrión de mamut vivo en miles de años. Las células podrían en principio ser recuperadas de fragmentos de médula ósea de huesos de mamut preservados en el hielo perpetuo de la tundra siberiana. [Ver por ejemplo nota en El Universal de México].

Aunque los pasos planteados son en teoría realizables (si es que en verdad los investigadores pueden recuperar células viables en la médula congelada por miles de años), existen obstáculos técnicos muy importantes que hacen dudar a los científicos serios de la viabilidad del proyecto. Las dudas se acrecientan al recordar que Hwang es el controvertido investigador que en 2005 anunció la supuesta clonación de un ser humano y que en 2006 fue despedido de la Universidad Estatal de Seúl por usar datos falsos en sus artículos de investigación sobre células madre.

En este blog he discutido el tema de la posible reconstrucción de especies y subespecies extintas por clonación o por cruzamiento selectivo de individuos. Reproduzco a continuación una nota publicada en La Jornada Michoacán el 8 de diciembre de 2008 sobre la posible reconstrucción de un mamut lanudo. Hay que aclarar que la nota de 2008 se refiere a la reconstrucción del animal a partir del genoma, un proceso en principio mucho más complicado que el que se plantea en el nuevo proyecto ruso-coreano.

Ilustración de Friedrich Wilhelm Kuhnert (1865 - 1926)

¿Se puede reconstruir un mamut?
Héctor T. Arita
La Jornada Michoacán, 8 de diciembre de 2008 

El 20 de noviembre pasado, la revista Nature publicó un artículo de un equipo de científicos estadunidenses y rusos que logró reconstruir un porcentaje importante del acervo genético del mamut lanudo. El grupo, encabezado por Webb Miller, de la Universidad Estatal de Pensilvania, obtuvo el material genético a partir de pelos de ejemplares preservados en los hielos perpetuos de Siberia por más de 20 mil años. Según el estudio, la secuencia de más de 4 mil millones de unidades de información representa alrededor de 80 por ciento del genoma del mamut, una especie que se extinguió hace miles de años.

El mamut lanudo habitó el norte de Eurasia y del Continente Americano durante buena parte del Pleistoceno. Todos hemos visto reconstrucciones de este imponente animal, con sus enormes “colmillos” (que eran en realidad incisivos) y su largo pelambre de color pardo rojizo. El mamut lanudo coexistió con grupos humanos en varias partes del mundo, como lo atestiguan las pinturas rupestres y los restos de instrumentos hallados junto a algunos fósiles de estos paquidermos. Varias generaciones de mexicanos han visto en los libros de texto la recreación, en gran parte fantasiosa, de la caza de un mamut por un grupo de hombres exageradamente primitivos en los antiguos pantanos de Texcoco. Lo cierto es que los fósiles de mamut son relativamente comunes en la mayor parte del territorio mexicano. Casi todas las poblaciones del mamut lanudo desaparecieron hace más de 10 mil años, aunque algunos grupos persistieron en pequeñas islas hasta hace apenas 4 mil años.

Royal British Columbia Museum

Aparte del reto técnico que representa la reconstrucción del genoma de una especie extinta, el estudio el grupo ruso-estadunidense abre posibilidades de gran relevancia para la comprensión de la biología, ecología y evolución de los mamuts y sus parientes cercanos, los elefantes. El acervo genético del mamut lanudo difiere del genoma del elefante africano en apenas 0.6 por ciento, menos de la mitad de la diferencia que existe entre el ser humano y el chimpancé. La diferencia debe ser aún menor con el elefante asiático, que es un pariente más cercano del mamut, pero del que no se tiene información genética suficiente.

Otro estudio genético, publicado a mediados de año, demostró con otro tipo de técnicas que es posible distinguir dos tipos o variedades de mamut lanudo que coexistieron por miles de años en lo que ahora es Siberia. La diferencia genética entre estos dos tipos de mamut es significativa, mayor que la que existe entre el ser humano moderno y los neandertales. Los autores del estudio no se atrevieron a proponer la existencia de dos especies diferentes, ya que la evidencia morfológica basada en restos fósiles es insuficiente. Aún así, el estudio muestra el alto nivel de variación que existía entre las poblaciones de los mamuts en el Pleistoceno.

La publicación del genoma del mamut generó especulaciones sobre la posibilidad de reconstruir un ejemplar con base en la información genética descifrada. No deja de ser irónico que la publicación del estudio se diera a los pocos días de la muerte de Michael Crichton, quien en Parque Jurásico imaginó la clonación de dinosaurios a partir de material genético preservado en ámbar por más de 70 millones de años. ¿Es posible dar vida a un mamut a partir de su genoma? La respuesta es que, con la tecnología disponible ahora, resultaría imposible siquiera pensar en regresar al mamut del mundo de las especies extintas.

El genoma no deja de ser sino un paquete de información. Para poder traducir esa información en un mamut vivo se necesitaría organizarla en cromosomas, para después insertar estos en el núcleo de un óvulo viable cuya maquinaria celular pudiera leer e interpretar la información. A continuación, habría que implantar el óvulo en un útero adecuado para el desarrollo de un feto de mamut. Suponiendo que la preñez llegara a buen término, aún habría que pensar en el nacimiento y crianza de un bebé mamut de algunas toneladas de peso. Cada uno de estos pasos es actualmente imposible. Para empezar, no tenemos siquiera idea del número de cromosomas que tenían las células de los mamuts. Como ha sugerido Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, a lo más a lo que podríamos aspirar con la tecnología existente sería a insertar algunos genes de mamut en células de elefantes modernos y clonar un elefante con algunos rasgos de mamut, como los largos colmillos, las pequeñas orejas o el pelambre rojizo.

En teoría, es posible que tarde o temprano se desarrollen las tecnologías necesarias para realmente clonar un mamut. Ese nivel de conocimiento, sin embargo, está aún muy lejos en el horizonte del futuro. El deseo de ver un mamut haciendo retumbar el piso de la tundra no será para las generaciones presentes sino un sueño.