William Buckland y los fósiles

William Buckland y los fósiles

Buckland

Dibujo humorístico de la época (hacia 1822) de Buckland en la cueva de las hienas en Kirkdale (Lo que en realidad se encontró ahí fueron huesos fosilizados de hienas y otros animales extintos en Inglaterra)

En un día como hoy (12 de marzo), pero de 1784, nació en Devon, Inglaterra, William Buckland, famoso teólogo y naturalista británico del siglo xix.

El capítulo vi de las Crónicas de la extinción incluye la historia  de los fósiles de la cueva de Kirkdale y de cómo Buckland creyó, en un principio, que esos restos de animales extintos constituían una prueba de la veracidad de la épica del diluvio universal del Génesis.  Los huesos de elefantes, hipopótamos, osos de de las cavernas y gigantescos cérvidos que estaban dispersos en el suelo de la caverna eran, pensó Buckland, restos de animales que habían sido arrastrados por las aguas del gran diluvio.

William_Buckland_c1845

William Buckland (1784 – 1856)

Buckland, sin embargo, pronto cambió de opinión. Los huesos de Kirkdale no podían haber sido arrastrados a la cueva, porque la única entrada a ella era un pequeño hueco por el que era físicamente imposible que el cuerpo de un hipopótamo pudiera haber pasado. Buckland dedujo entonces que la cueva había sido en realidad una guarida de hienas pleistocenas (otros animales ya extintos en Inglaterra), y que la acumulación de huesos ahí se debía a la actividad de esos animales y no a la acción de las aguas de un diluvio.
[El capítulo vi de las Crónicas de la extinción provee más detalles del razonamiento de Buckland]

Buckland fue también el primer naturalista en otorgar un nombre científico a una especie de dinosaurio. En 1824 publicó un ensayo en el que describió los huesos fósiles de un gigantesco reptil, al que asignó el nombre de Megalosaurus (lagarto enorme). Este animal, junto con Hylaeosaurus e Iguanodon, fueron los primeros en ser identificados por Richard Owen, en 1842, como miembros de un grupo separado de reptiles, a los que se les llamó dinosaurios (“lagartos terribles”).

William Buckland se casó en 1825 con Mary Morland, una talentosa ilustradora y estudiosa de los fósiles. Como en muchos otros casos de injusticia histórica, las contribuciones de Mary Buckland rara vez son discutidas en los numerosos estudios biográficos sobre William, en los que ella aparece simplemente como Mrs. Buckland, si es que se le menciona.

Buckland_family_silhouette

La familia Buckland (William, Mary y su hijo Frank) con sus fósiles. (Ilustración de Mary Buckland publicada en la biografía de W. Buckland escrita por Elizabeth Gordon en 1894; vía Wikimedia Commons)

Anuncios

Los dinosaurios vivieron hasta el final del Cretácico

La desaparición de varios grupos de organismos al final del periodo Cretácico (hace 65.5 millones de años) marca una de las cinco grandes extinciones masivas en la historia de la Tierra. Este evento de extinción es conocido por la desaparición de los dinosaurios –con la excepción de las aves– pero otros grupos de animales, como los ammonites, los rudistas y los mosasauros, también se extinguieron y la mayoría de los grupos principales de plantas y animales sufrieron una notable disminución en su diversidad.

El límite K-Pg en Wyoming, Estados Unidos. Foto: Eurico Zimbres, Wikimedia Commons

Este episodio es frecuentemente llamado la extinción K-T porque marca el final del Cretácico (K) y el principio de la era antes conocida como Terciario (T); en la nomenclatura más moderna, se le conoce como el evento K-Pg (Cretácico-Paleogeno), siendo el Paleogeno el primer periodo de la era Cenozoica. El límite K-Pg está marcado claramente en los afloramientos de roca por una capa que contiene una concentración muy alta del metal Iridio, así como esférulas y cuarzo chocado formados como consecuencia de la colisión del asteroide que formó el cráter de Chicxulub, en Yucatán, México y que se considera que desencadenó los eventos de la extinción masiva de hace 65.5 millones de años.

Aunque la extinción de los dinosaurios es el suceso icónico del evento K-Pg, existe aún controversia respecto al tiempo de su desaparición. Existe consenso en que los dinosaurios (con excepción de las aves) no sobrevivieron al evento K-Pg, ya que no hay fósiles verificados de estos animales en la capas superiores al límite K-Pg. La duda que no ha sido del todo despejada es si los dinosaurios se fueron extinguiendo gradualmente antes del final del Cretácico o si una buena parte de las especies desaparecieron justo en el límite K-Pg.

La controversia surge del hecho de que los fósiles de dinosaurio son particularmente raros en las capas cretácicas cercanas al límite K-Pg. El patrón es tan evidente que entre los paleontólogos se habla de la “brecha de los tres metros” (the three-meter gap), la zona por debajo del límite K-Pg en la que no hay dinosaurios. Si este patrón muestra realmente una ausencia de dinosaurios, eso podría indicar que estos animales se extinguieron unos pocos millones de años antes del evento de finales del Cretácico y que el bólido de Chicxulub podría haber chocado con un planeta ya sin dinosaurios.

Triceratops horridus. Imagen: Nobu Tamura, Wikimedia Commons

En un artículo reciente en Biology Letters, un grupo encabezado por Tyler Lyson, de la Universidad de Yale, informa del descubrimiento del cuerno fosilizado de un ceratopsiano (probablemente un Triceratops) apenas a 13 centímetros del límite K-Pg en los yacimientos de Hell Creek, en Montana, Estados Unidos. Los investigadores determinaron la localización del límite a través del análisis de polen en los sedimentos, por la abundante presencia de fósiles de helecho y correlacionando el estrato con otros sedimentos que contienen las marcas de iridio, esférulas y cuarzos chocados. Se trata por supuesto del fósil de dinosaurio más reciente que se conoce y confirma la presencia, al menos en América del Norte, de estos animales justo en el momento del episodio de Chicxulub.

Aunque es necesario encontrar más restos de dinosaurio cerca del límite K-Pg en otros lugares, o fósiles adicionales de otras especies en Hell Creek, el cuerno hallado por Lyson y sus colaboradores es una prueba adicional de que el impacto del bólido de Chicxulub fue la causa última de la extinción de una buena parte de las especies que vivían en la Tierra hace 65.5 millones de años.

¿Estamos al borde de la sexta extinción masiva?

Desde la publicación de un artículo de David Raup y Jack Sepkoski en 1982 (Mass extinctions in the marine fossil record, Science 215:1501-1503), los paleobiólogos han reconocido la existencia de cinco grandes eventos de extinción en el Fanerozoico (los últimos 540 millones de años de la historia de la Tierra). Dos de esos eventos son los más conocidos, el primero por su intensidad y el segundo por el tipo de especies asociadas.

La extinción del final del Pérmico (hace 251 millones de años) ha sido llamado el evento que casi terminó con la vida en el planeta. Se calcula que entre el 80 y el 96% de todas las especies vivas en la Tierra perecieron en este episodio.  Aunque la posibilidad de que el choque de un cuerpo espacial haya desencadenado esta extinción se sigue debatiendo, la mayoría de los expertos piensa que una serie de fenómenos detonados por enormes erupciones volcánicas en lo que ahora es Siberia pueden explicar esta extinción.  Las erupciones podrían haber causado lluvia ácida y cambios radicales en el clima y composición atmosférica, llevando a una condición de anoxia en los ambientes marinos.

El evento de finales del Cretácico (hace 65 millones de años), conocido informalmente como la extinción de los dinosaurios, fue causada por el impacto de un asteroide en lo que ahora es el norte de la península de Yucatán. La destrucción producida por la explosión y sus efectos inmediatos (extensos fuegos y enormes tsunamis) fue seguida en el transcurso de menos de dos millones de años de grandes cambios climáticos, un colapso de la productividad primaria y la subsecuente extinción de cerca del 76% de las especies existentes.

Los otros tres eventos de extinción masiva son el evento del Ordovícico (hace 443 millones de años), el evento del Devónico (hace 359 millones de años) y el evento del Triásico (hace 200 millones de años), en los que se extinguió el 86%, 75% y 80% de las especies existentes, respectivamente.

En publicaciones recientes se ha comparado el proceso de extinción reciente de especies, provocada en la gran mayoría de los casos por la actividad humana, con estas cinco grandes extinciones.  Se habla en los círculos conservacionistas de que nos encontramos a la mitad de la sexta gran extinción de la historia del planeta Tierra.

En el número de Nature de esta semana, Anthony Barnosky, paleobiólogo de la Universidad de California en Berkeley,  y sus colegas, publican un artículo de revisión sobre el tema, analizando varias formas de comparar las tasas de extinción actuales con las del pasado geológico.  Escriben Barnosky et al. en el resumen del artículo:

Palaeontologists characterize mass extinctions as times when the Earth loses more than three-quarters of its species in a geologically short interval, as has happened only five times in the past 540 million years or so. Biologists now suggest that a sixth mass extinction may be under way, given the known species losses over the past few centuries and millennia. Here we review how differences between fossil and modern data and the addition of recently available palaeontological information influence our understanding of the current extinction crisis. Our results confirm that current extinction rates are higher than would be expected from the fossil record, highlighting the need for effective conservation measures.

En la clase hemos discutido diferentes formas de medir las tasas de extinción.  Barnosky et al. discuten a profundidad este tema y llegan a la conclusión de que la tasa de extinción causada por el ser humano (calculada a partir del dato de que 76 especies de mamíferos se han extinguido en los últimos 400 años) no es aún comparable con las tasas durante las extinciones masivas.  Sin embargo, las tendencias actuales muestran que las extinciones causadas por Homo sapiens podrían alcanzar en unas pocas décadas niveles equiparables a los de las grandes extinciones en el tiempo geológico.

Discutiremos este artículo en una futura sesión de nuestro curso de Biología de la Conservación.

Barnosky, A. D. et al. 2011. Has the Earth’s sixth mass extinction already arrived? Nature 471:51-57 (3 de marzo de 2011).